La Literatura del Éxodo venezolano: el retrato de la nostalgia de un país.

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Además de noticias,  fotos,  marchas que reflejan la crisis migratoria, se le suman las palabras de los noveles escritores, quienes desde la distancia empiezan a retratar la nostalgia del exilio. Surge la Literatura del éxodo venezolano.

El éxodo no es sólo está cifrado por estadísticas. Los escritores desterrados empiezan a expresar la añoranza, el vacío y el mundo del exiliado. Podríamos estar viendo un nuevo movimiento literario nacional: La Literatura  del ostracismo venezolano.

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Literatura del Exilio

Es el caso del texto «Quito, Justo ahora», de Roger Vilain

Durante tres años la experiencia no ha variado. Semejante diálogo, tan sencillo y mágico como evocar o soñar, continúa vivo. Una ciudad y otra juegan a buscarse hallándose en sitios extraños para desencontrándose y, otra vez, reencontrarse. La nostalgia envuelve con su hálito traducido en país y en época ya ida –de aulas universitarias, habitaciones baratas, mochilas y cuadernos–, y deja a su vez una estela de sosiego tan necesario en momentos cuando nos hallamos lejos del lugar amado.

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Entonces aquí, justo ahora, Venezuela cabe en una acera, en un café o en el libro que llevo bajo el brazo. Más de una vez, sentado en cualquier terraza, los atardeceres imitan o recuerdan alguno de Margarita, Upata o Puerto Ordaz. El dolor y los crímenes que ha soportado mi país tienen la particularidad de inmiscuirse hasta en lo más refractario a ellos: cuando Heinrich Böll o Thomas Mann se desmigajan entre los dedos a las cinco en punto de la tarde rememoro una Venezuela que, ultrajada durante veinte años, insiste en continuar de pie pese a las heridas abiertas.

Como decía arriba: desde el primero de mis días en Quito la complicidad surgió cual fantasma en las esquinas, en los buses, en las aulas, en el frío de una ciudad donde he hallado amigos, trabajo, refugio, motivos para hacer de los recuerdos el amasijo de afectos que son también terapia, puesta al día de lo que he sido y soy. Nunca como en estas horas me doy cuenta de que es bueno andar tantos kilómetros para corroborar que estés donde estés y pase lo que pase, la maleta que llevas termina por increparte cuando te miras al espejo: perteneces a un lugar, cargas tus memorias y tus muertos y el mundo te alberga sin que dejes de pertenecer a aquel espacio donde todo empezó.

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