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(Opinión) Rafael Medina, bajo amenaza y en riesgo dejó Venezuela. Por José Luis Centeno

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Caracas, 9 de agosto de 2019.

Por: José Luis Centeno S.*

@jolcesal

El vuelo de se hizo corto, lejos, muy lejos, llegó a su destino, la tranquilidad de verse libre de peligro mitigó el cansancio y la ansiedad, propios de tan largo viaje. Situaciones complejas y serias que surgieron por ser activista político y de los derechos humanos, lo obligaron a dejar Venezuela; su vida e integridad personal, y la de su familia, estaban amenazadas y en riesgo.

En el ejercicio de su profesión de
Abogado, dentro y fuera de los tribunales, desde su ciudad natal, Maturín,
estado Monagas, se convirtió en referencia de la promoción de los derechos
humanos y de duros cuestionamientos al régimen de Nicolás Maduro, que volcó
contra él amedrentamiento y persecución, extendidos a su familia y acentuados
en virtud de su férrea defensa del preso político Antonio Vathiotis Psofiu.

Rafael David Medina Mata, además de
defender derechos, “se ha desempeñado como colaborador e impulsor en
distintos procesos electorales ocupando cargos de representación en las mesas
de votación en diversos procesos de elección tanto regional como nacional desde
el año 2008 en el estado Monagas”
, confirmó una parlamentaria de la
Asamblea Nacional de Venezuela bajo condición de anonimato ante posibles
represalias.

“He estado siempre en la calle, mi
domicilio es conocido por usarlo también como oficina, eso me hizo vulnerable a
la hora de captar la atención del régimen, el acoso inicial de funcionarios
policiales más bien fue un vulgar intento de extorsión, por no acceder a sus
exigencias se ensañaron contra mí”.

Rafael, ya en lejanas tierras, procuró
ocultar la turbación al rememorar el drástico cambio de su existencia, fue
embarazoso para él expresar hechos con un alto impacto emocional causantes del
abandono de su proyecto de vida en Venezuela.

“Asumí un rol activo en la lucha por los
presos políticos y las centenas de fallecidos para que se haga justicia, sentí
rápido las consecuencias, luego del intento de extorsión recibí llamadas
amenazantes de personas que decían ser del Colectivo Tupamaro, brazo armado del
régimen, se hicieron sentir siguiéndome, apostándose a las afueras de mis
lugares de trabajo, merodeando el urbanismo donde vivía y dejando conocer sus
malas intenciones a los vigilantes, eran Tupamaros, a muchos de ellos los había
visto saboteando o confrontándonos en las actividades de calle de la
oposición”.

Cuando quiso denunciarlos en el
Ministerio Público, se enfrentó a la posibilidad real de ser privado de
libertad, le reprocharon los señalamientos en contra de los Tupamaros, en lugar
de tomar su denuncia lo conminaron a desistir de su actuación so pena de ser
encauzado penalmente por incitación al odio. Una vez más enfilaban las baterías
de la fiscalía contra el denunciante para proteger a los agresores oficialistas
que continuaron hostigándolo.

“En ese momento, allí en la fiscalía,
decidí irme del país. Fue una burda advertencia que en segundos cambió mi vida,
debía evitar males mayores, pues insistir en la investigación me hubiese
expuesto a mayores riesgos habida cuenta de la inseguridad jurídica e impunidad
reinantes en Venezuela.”

Su caso es de persecución política,
difícil de probar en instancias fiscales y judiciales del régimen. El temor
estaba justificado. 

“Esa gente que fui a denunciar se ocupa
de desaparecer, secuestrar, extorsionar, asesinar con la impunidad que le
regala ser trabajadores activos de alcaldías, gobernaciones, etc. Tomé
conciencia de eso allí en la fiscalía y sentí miedo. Desde ese momento entre en
un estado de insomnio, intranquilidad, nerviosismo y ansiedad, alteraciones que
no hacían que mi vida fuera normal.”

A finales de enero de 2019 se enfrentó a
esa absurda realidad. Numerosos presos políticos le pedían hablar sobre ellos,
que expusiera sus casos para que no los olvidaran, ya que tiene muy buena
aceptación en las redes; un hecho habría generado una mayor saña contra él.

“En julio de 2018 recibo una llamada,
era un familiar de Antonio Vathiotis Psofiu, me pidió que asumiera su defensa
en Venezuela ante una eventual deportación desde Colombia, allí fue detenido
ese mismo mes por Interpol a solicitud de Grecia, acusado de la muerte de un
oficial de la Guardia Nacional en Venezuela durante las llamadas guarimbas, un
caso emblemático de linchamiento judicial por parte del régimen que lleva el
Tribunal Cuarto de Juicio del Circuito Judicial Penal del estado Aragua, Causa
Nro. 4J-2248-16.”

Ese proceso judicial penal se inició el
año 2014 en Valencia, estado Carabobo, manteniendo además preso al joven
estudiante y empresario Antonio José Garbi González, a la fecha no han aperturado
el juicio correspondiente por la inexistencia de elementos probatorios que
incriminen a Vathiotis y Garbi. En otras palabras, no hay pronóstico de
condena.

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“Vathiotis no fue deportado, sin embargo
asumí su defensa pública destacando las inconsistencias de la acusación que le
hicieron sin fundamento alguno haciéndolo un preso político, como lo determinó
la Asamblea Nacional de Venezuela, la Fiscal en el exilio Luisa Ortega Díaz y
Humberto Calderón Berti, embajador designado por el Presidente Juan Guaidó ante
el gobierno colombiano. Colombia le otorgó la condición de refugiado a
Vathiotis pero sigue preso ilegalmente y con serios problemas de salud en la
cárcel de La Picota, en Bogotá, razón por la cual en los próximos días
presentaré una Solicitud de Avocamiento al Tribunal Supremo de Justicia en el
exilio, también denunciaremos las violaciones de derechos humanos existentes en
este caso en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y en la Unión
Europea”.

Los hechos explican el por qué
organismos de inteligencia lo habrían perfilado, también que un grupo de
encapuchados y portando armas largas lo amedrentara en el centro de Maturín,
igualmente aquel atraco donde sólo se llevaron su laptop y celular, cuando pudieron
cargar con su vehículo, lo más alarmante, ver a Tupamaros en las adyacencias
del colegio de sus hijos.

El 8 de abril del presente año, Rafael Medina salió con su esposa y sus menores hijos de Venezuela. “Al presentarme en taquilla y entregar nuestros pasaportes sudada de los nervios, en ese momento mi hija comienza a llorar y el funcionario hizo el trámite rápido”. Aunque su retorno es incierto, a través de la cuenta en twitter @radamediana continúa su intensa labor en favor de los presos políticos, amén de las acciones que emprenderá ante organismos internacionales.

* Defensor de DDHH. Columnista en la web. Coautor del libro SECUESTRO Y ANIQUILACIÓN, editado por Libros El Nacional.

* Punto de Corte no se hace responsable de las las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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